Rubén Levi llegó al arco de Flamengo
Rubén "Pocho" Levi, es un vecino de Tolosa que
goza del reconocimiento de sus pares, ganado en base a su cordialidad y
bionomía. De sus 82 años, lleva 68 de tolosano, de los cuales, más de 25 fue
arquero en distintos equipos de fútbol, llegando a atajar durante dos
temporadas en el Flamenco de Brasil.
Según nos contó en su coqueta vivienda de la calle 525, a
la que accedió merced a los ahorros que realizó durante su carrera deportiva,
nació en el barrio tripero de El Mondongo y pese a ser simpatizante de Gimnasia
al igual que toda su familia, terminó probándose y quedando en Estudiantes.
“Cuando vine a Tolosa, vivía en la calle 529 entre 1 y 2.
Fue a la Escuela Nº 79 y luego de clases, para los chicos de esa época jugar a
la pelota era prácticamente una obligación. Siempre me gustó ser arquero y en
el barrio había un muchacho que jugaba en Estudiantes y me pateaba desde la
vereda de enfrente para que atajara. El arco eran dos árboles y siempre me
elogiaba. En 1944 participé de un torneo de fútbol que se hacía en Gútemberg y
allí me vieron y me llevaron a probar a Estudiantes”, comenzó diciendo Pocho.
Más adelante recuerda que su incorporación al Pincha
generó un gran disgusto familiar, porque todos eran del barrio El Mondongo y
con sangre albiazul. Como en toda familia hay un “traidor” y en este caso fue
su tío Nelson Vechio, panadero de Tolosa y dirigente de Estudiantes, que le
abrió las puertas del club.
Pocho Levi recordó a sus ex compañeros como López
Osornio, Pintos, Araujo, Fornari, Nuñez, Sates (cuyos padres eran comerciantes
en Tolosa), Pellejero (que fue vendido a España), Pérez (que fue a Italia) y
Balloco (que después saldría campeón con Boca). “En 1951 llegué a primera
división reemplazando al recordado Gabriel Ogando. Fue un partido contra Chacarita
en 57 y 1, pero después no tuve más oportunidades y al final de temporada
recibí el pase libre. Ahí me fui a Argentino de Quilmas, en donde fui titular
desde 1952 hasta 1956. Los “mates” estaban en la antigua Primera B y tenían su
cancha en las barrancas de Quilmas, junto al Tiro Federal”.
Nos contó que un día “al finalizar una práctica, se
acercó un señor que dijo ser representante del Flamengo de Río de Janeiro. Ando
buscando un goleiro, me dijo. Era dueño de la fábrica de azúcar Perola. Al otro
día volvió. La comisión hizo una asamblea, el domingo jugábamos el clásico con
Quilmes y no me querían dejar ir. Que sí, que no, hasta que resolvieron la
parte económica y me embarqué a Brasil en dos días”. Al veterano Levi le brota
una sonrisa cuando recuerda que por su pase Argentino de Quilmas embolsó la
suma de 30 mil pesos, una cantidad irrisoria comparada con las transferencias
actuales.
“Fue una gran experiencia el paso por el fútbol
brasilero. Estuve dos años en los cuales entrené muy duro con el paraguayo
Fleitas Solich. Fui compañero de Zagalo y otros grandes y hasta jugué en contra
de Pelé, que no pudo hacerme un gol”, recordó Pocho, quien se definió como un
arquero salidor y arriesgado.
A su vuelta, defendió el arco de Quilmas durante tres
temporadas y en 1961 logró el ascenso con Quilmas a primera división. “Fue algo
complicado, porque el torneo lo ganó Newell´s Old Boys, pero la AFA lo
desclasificó y proclamó el ascenso de Quilmas.
Al año siguiente pasó por Platense, en donde tuvo como
compañeros a Mantegari (ex River), Crosta (ex Huracán) y Garro (ex
Independiente) y tras alejarse del fútbol profesional, siguió la actividad en
equipos e Ligas del interior como Chivilcoy o Bragado, en donde jugó hasta los
41 años.
Cuando colgó los botines, se dedicó al fútbol infantil.
Nunca le gustó la tarea de técnico por lo que en el Círculo Cultural Tolosano
fue coordinador del fútbol infantil durante nueve años. Hoy, a los 82 años, “me
dedico a ver fútbol y a intercambiar opiniones con gente que sepa escuchar,
porque sino no sirve. Si al otro le brota el fanatismo, chau, se acabó la
charla”, sentenció.
En otro pasaje de la charla desarrollada en su casa, en
una mañana fría de otoño, pero con el sol calentando de a poquito, nos dijo:
“El fútbol ha cambiado mucho. Si bien nosotros también entrenábamos fuerte,
ahora se corre mucho más. Me gusta que se le de importancia a los jugadores que
vienen de las inferiores”.
En el arco, tuvo cosas lindas y también de las otras. Nos
contó que jugando en quinta división para Estudiantes. Fueron a Montevideo a
enfrentar a Peñarol y terminó con la mandíbula quebrada, pero lo peor fue un
clásico de tercera división. “Me tiraron con una honda usando un plomito como
proyectil y me pegaron en el pecho. Yo no quería volver más al arco. Es difícil
concentrarse dando la espalda a una masa de gente que no sabes lo que puede
hacer. Y pensar que en esa oportunidad, mi familia que era toda de Gimnasia,
estaba en esa tribuna”.
Antes de finalizar la nota, Rubén Levi recordó a José
María Silvero, “un correntino que era un señor como jugador y como persona”.
Hoy a los 82 años, Levi se dedica a disfrutar de su
familia. El 5 de mayo cumplió 57 años de casado con Lidia, a quien un día le
dijo “vieja nos vamos a Brasil, me vendieron al Flamenco” y no se desmayó. De
su hijo Rubén Omar, ingeniero que trabaja en Neuquén; de su hija Alejandra y de
sus nietos Esteban, María Florencia, Nahuel y Eugenio.
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